martes, 16 de julio de 2013

Continuara

Bailo en el viento
nadie maneja mis hilos
soy una tormenta de arena
en tus montañas



Cuánto


Cuántas cosas en una mirada fuerte
                                   dulce
                 ti
               que no te recuerdan
Cuánto, cuánto.


Con angustia me amarré a un sentir
                                      que ya no existe
                                                    quiero
                                               ha muerto








Otras cosas insignificantes

En mis pensamientos inerte te encuentras
y las lagrimas se posan en el alma
no corren
no disparan
no viven
solo hieren y acorralan


Te vi
me viste
sentí que podía morirme
pero no es tiempo
aun no caen las flechas
el tiempo sobra


Un cuadro caído
ilumino el infierno
una caja fuerte con tu recuerdo
otra vida que miente


miércoles, 10 de julio de 2013

El cielo que cae en los amantes.

No importa como se llama o se llamaba. Solo puedo decirles que sus piernas me hacían enloquecer. Que sus mordiscos en mi oreja podían hacerme encender en cuestión de milésimas de segundo. Recuerdo que estábamos en una cama sencilla, electrónica de fondo. El aire nebuloso. Delicioso. Dos cuerpos. Uno. Sudor, estupor, la danza de eros. Sus labios mojados, los míos. Va y viene, se viene, me voy, me vengo. Ah sí, ya les cuento. Besos apasionados, arañazos. Risas, juegos, palabras bonitas, miradas sinceras. Sexo, amor, todo de una vez, una sola noche, dos, quizá tres. Pero inolvidables. En ese momento no había nada más en mi cabeza que las ganas de fundirme en ella. Mi lengua recorriendo su espalda, su cuerpo vibrando. Caricias fuertes y dulces. Caricias que se sienten, que se pierden, que se retienen. Gemidos. En el final de un orgasmo un abrazo que rompe el corazón. Delicia. Tanatos rondando. Nuestros cuerpos sudados y exhaustos danzaban sin parar. El demonio se apoderó del momento. Mente encandilada, labios dilatados.

Nueve

Olor a hierbas en esas cuatro paredes que nos camuflaban. Tu mirada, la mía. Las ganas subían al infinito. Te acercaste, te observé, me acariciaste y me congelé. Mordí mis labios. Nuestro primer beso. Desbordando deseo. Conexión instantánea. No puedo evitar querer comerle la vida con mi boca mientras  acariciaba, debajo de la blusa, mi espalda. El humo en el cuarto, la magia cubriendo nuestros ojos.  Viajamos juntas. Su primera vez, mi primera vez a su lado. Mi respiración se aceleraba como mis ganas de quitarle la ropa. La sangre hirviendo, el verano que nos iluminaba. Temblores, palabras sueltas, palabras presentes, palabras sinceras. Sus besos. Conquistó mi conciencia. Llegaron mis horas de gloria. Perdí la razón, cosmovisión. Nos frenaban las ganas de una segunda vez. Las mariposas nos rodeaban, nos rozaban. Gozar la eternidad de un gemido ahogado. "Detente". El descontrol no se impuso. Aunque intenté amarrarme al placer. El deseo contenido, los besos delatadores. Las miradas de láser. Sus piernas, las mías, roces y caricias homicidas. El teléfono, los otros. Las ganas de quedarnos la noche entera. La lengua y sus descargas. La pasión que no es solo del momento. El gemido tácito. Las olas del mar fluctuando entre dos cuerpos. EL universo iluminando un nuevo camino. Rítmico va y ven de caderas.

sábado, 6 de julio de 2013

Aunque no me leas.

Me encontré en medio de dos islas, una que busca llevarme a ti y una que me empuja hacía otro verano. No escribo para que me leas en realidad. Escribo para sacar estas palabras que se incrustan en mi pecho y no me dejan respirar. Es que quererte ha sido mi condena. Aun recuerdo las promesas, promesas que nunca quise. ¿Recuerdas? ¿Recuerdas cuánto rogué para que no prometieras nada? Ya sabía que no sería para siempre y que esas promesas solo taladrarían en mi cabeza hasta que el olvido tocara mi puerta. Honestamente, no quiero estar contigo. No quiero. Simplemente no. Porque tus mentiras aunque no llegaron en el ocaso, rompieron como piedras los cimientos que construí para ti, para mí, para los personajes que planeábamos tener en el futuro que ya no es nuestro. He tenido que ser dura, para poder alejarme de ti. Puras y físicas patadas de ahogado. Pero el pensar haberte herido me sume en está angustia insoportable que es pensar que algo te duela. Nunca ha sido mi intención hacerte daño. Aunque tu si hayas tenido esa intención, no te guardo rencor. ¿Por qué habría de? Si la verdad en algún momento valió la pena que fueses parte de mi vida. En fin. Esto es todo. Lo último que escribo por y para ti. No habrá nada más que lleve tu nombre. Hoy cierro la puerta. Espero y aspiro que seas feliz, que nunca te arrepientas de nada. No mires atrás. Sigue tu camino mariposa que yo seguiré el mío. Cuídate. 

lunes, 1 de julio de 2013

Continuara....

Era un día nublado. El cielo gris, el viento golpeando fuerte contra las ventanas, las gotas que caen del cielo. Ella caminaba bajo la lluvia. Estaba empapada. Su tristeza había contagiado el clima. Se dejó caer en el piso, de rodillas. Sus manos apoyadas en el suelo, sus lágrimas cayendo. Y yo viéndola desde lejos. Me acerqué a paso lento. Extendí mi brazo, acaricié su cabello. Ella alzó su cabeza, nuestros ojos se encontraron. Se puso de pie y me abrazó como sí no hubiera mañana.
- estas aquí. Conmigo. - dijo y me abrazo aún más fuerte.
- aquí estoy, dónde más debía estar. - dije y la besé. - no llores más, aquí estoy, y no me iré. A menos de que te marches conmigo.