Pétrea en la inmensidad de cuatro paredes. Leo que de ahora en adelante las noches serán más oscuras, aún después del solsticio... Y pensar, una y otra vez, en las significaciones de esa oración, en un alma como la mía. Mi yo, que se ha caracterizado por solo calentarse cuando se deja dominar por esas malignas y divertidas zambullidas del ello en el libertinaje, cedió a caer levemente en esas zambullidas solo en forma de retratos y pinturas fugaces que deja ir cuando las siente mejor, que quien no ha sabido pintarlas a su altura. SOLO EN ESE INSTANTE. Ese yo, que eligió al súper yo y a los, a veces cuadriculados, momentos en que une su todo a una calavera de profundas alegorías, hoy repite en su cabeza las noches seguirán siendo oscuras después del solsticio y Saturno está directo en Capricornio, mientras que la luna continua en sagitario, Urano empieza su transito directo, pero el único planeta retrogrado es Júpiter.
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domingo, 21 de diciembre de 2014
sábado, 1 de septiembre de 2012
Si Virginia Woolf y Alejandra Pizarnik...
Si Virginia y Alejandra se hubiesen conocido, su historia habría sido tan distinta. Es más podría jurar que el amor habría llegado a ellas de sorpresa. No como el de Vita y Virginia, NO, uno más profundo, menos ausente. La dos en su soledad, pero juntas. En su melancolía, que las hizo tan ellas.
Quizás no se habrían suicidado. O sí Lo hubieran hecho, habría sido algo hermoso, juntas lejos de este miserable mundo. Lejos de esta doliente angustia, de está agonía que nos alimenta.
Ahora pienso en ellas, como si fueran una, sin serlo. De diferentes años, lamentablemente, pero tan contemporáneas, a la vez. Por esto y aquello, ellas son las diosas que escucho a diario, en sueños, en las las horas de lectura que les dedico, en las palabras que callo, en la voz del silencio, en los jardines que no veo.
Si Virginia y Alejandra hubieran cruzado sus caminos, habría habido amor, de ese pasional, del que es como una adicción, del violento, del corrosivo. Sin embargo, su literatura, quizá nos fuera más ajena, porque en su lejanía, nos acercan. En sus memorias vivimos, en sus memorias vivo, sola, lejos de este mundo, cerca de ellas, lejos de sus individualidades. Cercana de sus palabras, de sus oraciones tan elocuentes. Cerca de Virginia en sus diarios y prosa; de Alejandra en su verso, en su lengua que hizo tan propia; cerca de La habitación propia de Virginia, que Pizarnik hizo suya, de las dos, de las 4.
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