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martes, 13 de octubre de 2015

Friducha y Obregón

El ser del rostro que arrojo en el lienzo se oculta en el movimiento del pincel. No hay nada fijo en este universo. Todo baila ante los ojos de aquellos retratos que sueño entre el presente y su pasado. Rostros que como amuletos me protegen de los desastres mientras duermo.
Mientras duermo, ellos me admiran, de verdad me admiran, fijos en el tiempo con ojos de fuego y cielo.

jueves, 7 de mayo de 2015

Día 3

Nombre: Melancolía
Por: Márgara Rueda

Ni toda la luz podría haber iluminado el día. Ni el sol ni las más brillantes estrellas. Menos si caminaba sabiéndome limitada por tener que llegar a un lado que huele a recuerdo.

martes, 5 de mayo de 2015

¿Puedo?

Pintura: Entre la paz y la perdida. Por: Márgara Rueda
     A propósito de "Puedo", pinto y escribo lo que es mi apreciación del día. Entre nubarrones grises, respondo: ya no puedo. Ya no puedo acercarme a tu cuerpo y respirarlo sabiéndote mortal. Ya no sé si rozar la piel es intoxicar el ayer y fragmentar el hoy en un mundo sin atardeceres.
     Así que ya no puedo tocar "tu lóbulo con mis labios, ni tu nuca con mi lengua", pero quizá en la ausencia y en "la insoportable levedad del ser" te encuentre por andar "Jugando con las metáforas".
     Quizá reconozca en ti aquella idea de libertad que persigo o quizá solo ese cuerpo fragmentado o la mutilada imagen de un pasado continuo e inconsciente. O quizá solo seas la palabra ausente que colecciona sueños y pesadillas.
     Mientras tanto el tiempo pasa, las palabras liberan y se estacionan sueños mojados.




1. Burdel poético. (2013). Leído al oído . Bogotá, Colombia.
2. Milan Kundera. (2008). La insoportable levedad del ser. Barcelona, España. Tusquets editores.

a propósito del bucle en el tiempo.


"Quien busque al infinito, que cierre los ojos."Milan Kundera


En la oscuridad. En aquel todo profundo y agónico, me vi reflejado, caminando sin mirar por un presente conocido que es recurrente como las manecillas del reloj. Con mis dedos fríos y con mis sueños libres recorrí heridas y certezas en las comisuras de su cuerpo. Me balanceé en un pequeño columpio y pude ver la belleza del mundo gris. En aquel momento no sentí miedo por no tener qué decir. No tuve ni tenía que decir nada. Sus labios presionaron aquellos puntos de inflexión con los que todavía convivo. Y me vi caer en esa embriaguez dionisíaca que mantiene a los artistas vivos y ausentes. ¿Por qué siempre me veo? ¡Por qué! Porque cada acto se repite en mi cabeza una y otra vez con distinto orden de detalles. Sin embargo, cuando la veo, la veo inerte en el tiempo. Como si aquel demonio nunca la hubiese cambiado. Como si nunca la hubiésemos conocido. Como si su imagen nos hubiese sido ausente y lejana. Como un bucle en el tiempo. 
 " · 

martes, 26 de agosto de 2014

Carolina es una artista y aún no lo sabe

Carolina es una artista y aún no lo sabe. Dibuja desde muy pequeña, al igual que su hermana. Pero no por oficio.  Dibuja lo que le gusta, sin disciplina, pero con el encanto de quien fluye por su obra. Ella es su obra, su obra inmersa en ella es como un chapuzón  en el inconsciente. Y ella, aun no lo sabe.

Al llegar a su casa quise conocer su cuarto, pero su respuesta fue “allí no hay mucho. Hay un televisorcito que no prendo, unos libros que no leo, unas gavetas que no abro, una puerta azul y una ventana que me provee de brisa barranquillera”. Para ella, su lugar es el estudio. Un cuarto lleno de libros de dibujo, que no son de ella, con una mesa para dibujo, que tampoco es de ella. “Lo mío es el caballete” dice entre risas, juega con los lápices y sus dedos parecen danzar por ellos, como quien reconoce en esa herramienta un amigo.  Dedos delgados y largos, como los de una pianista.


Sus dibujos expresan y sugieren sentido. Dibuja lo que le gusta, sin disciplina, pero con el encanto de quien fluye por su obra, se inmersa en ella, como un chapuzón  en el inconsciente. Sin embargo, como todo artista que siente y vive su obra, para ella el dibujo no es rutinario, pero es tan cotidiano que le resta un poco de importancia. Desconoce que su talento puede ser explotado, no sabe ni le interesa, del todo, los concursos de dibujo y las oportunidades que puede encontrar en él y por él.

Carolina tiene una hermana mayor, que también dibuja, su nombre es Nataly.  Tiene 21 años y es la dueña de todos los libros, de la mesa de dibujo y de casi todas las cosas de ese lugar especial en el que Carolina se siente libre. Nataly estudia diseño gráfico y ha decidido hacer de su arte un oficio del cual vivir en un futuro. Mientras Carolina, vive de él y por él en un sentido distinto. Las dos dibujan como su padre.

Padre arquitecto que no vive con ellas. Figura familiar que apenas si se menciona, pero que toca con fuerza la fibra de Carolina, sin ella saberlo. Ella no ve a su padre frecuentemente, y considera que él no influye en ella ni en su rutina diaria. Pero dibuja, por él, desde muy pequeña. Por otro lado está su madre, Mery Bula, amorosa y cercana. Las dos tienen una relación estrecha, que a veces se ve fracturada por la falta de interés de Carolina en las cosas del hogar y en el cuidado de su abuela que tiene alzhéimer. Abuela que ya no habla, pero que de vez en cuando Carolina cuida.

Carolina es su arte. Su arte es la concepción de eso que es y no es. De ese yo superfluo volátil a su entorno, y de ese súper yo que la posee, la mueve, las transforma. De lo que quisiera ser,  y es, en distintas proporciones. De ese ello que goza de libertad, como Ella, como sus dibujos. 

Porque ella es libre. Como el lápiz que sujeta en su mano como quien se sabe o se cree indefenso. Es libre como los trazos suaves que danzan sobre ese cuaderno que siempre la acompaña. Libre como su menudo cuerpo, que parece flotar cuando camina. Libre como la brisa barranquillera que deja entrar por su cuarto y la acaricia todas las mañanas al despertar. Libre como la risa burlona que deja fluir por la comisura de su boca cuando alguien le dice que es talentosa.  Libre como el espíritu aventurero que no cree en la industrialización de arte. Libre de malicia como el abrazo protector de su madre cada mañana. Libre como su cabello, que fluye desordenado al ritmo del aire. Libre como los que conocemos en ella y por ella el arte de dibujar en libertad.