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martes, 5 de mayo de 2015

a propósito del bucle en el tiempo.


"Quien busque al infinito, que cierre los ojos."Milan Kundera


En la oscuridad. En aquel todo profundo y agónico, me vi reflejado, caminando sin mirar por un presente conocido que es recurrente como las manecillas del reloj. Con mis dedos fríos y con mis sueños libres recorrí heridas y certezas en las comisuras de su cuerpo. Me balanceé en un pequeño columpio y pude ver la belleza del mundo gris. En aquel momento no sentí miedo por no tener qué decir. No tuve ni tenía que decir nada. Sus labios presionaron aquellos puntos de inflexión con los que todavía convivo. Y me vi caer en esa embriaguez dionisíaca que mantiene a los artistas vivos y ausentes. ¿Por qué siempre me veo? ¡Por qué! Porque cada acto se repite en mi cabeza una y otra vez con distinto orden de detalles. Sin embargo, cuando la veo, la veo inerte en el tiempo. Como si aquel demonio nunca la hubiese cambiado. Como si nunca la hubiésemos conocido. Como si su imagen nos hubiese sido ausente y lejana. Como un bucle en el tiempo. 
 " · 

lunes, 20 de abril de 2015

Sobre suelo mojado

Pero yo fui subiendo, respirándole, dejándome fluir por sus pulmones, por sus labios, por su cuerpo expuesto. Vi el tiempo pasar a través de sus ojos. acaricié su alma llena de humo. Caminé por suelo mojado, con cuidado y sabiéndome finita, De repente, una gota potencialmente peligrosa y trágica se precipitó a mi cuerpo. Me volvió fiera y fugaz. Así que como pistas,  lloví dudas por su cuello. Con tropiezos planté deseos y soledades. Y volé en un suspiro la infinidad de su ser. Como muñeca rota, miré al vacío. Sus labios carnosos florecieron y presionaron infinitas veces contra mí. Me agarró desprevenida, buscando un salto y sin rumbo fijo. Me extasió su voz vital, sus palabras penetrantes y el platónico deseo de colisionar su sustancia con la mía.
Cada rocé podría ser una caricia del viento, o el calor que recorre mis mejillas. Pero eres la bestia indómita  que pone a prueba mi paciencia y  fragilidad. O quizá yo soy ese demonio enfrentado a la soledad de un cuarto oscuro, sintiéndote majestuosa, pero lejana, 

jueves, 16 de abril de 2015

La bisagra

Etérea mujer, no perteneces a la tierra de indolentes y falsos virtuosos. Naciste para ser llevada a la luna en un suspiro afrodisíaco. Para ir y volver exhausta, deseando ser eterna en ese vaivén de cuerpos celestes.  Naciste para venir y correr estrellas con una sola mirada de aquel demonio que te ronda. Demonio que con silencios elocuentes penetra el recuerdo de tu inocencia.

Etérea mujer, quizá yo soy ese demonio. ¿Me sientes? yo te siento, mientras gravito a tu alrededor como aquella sustancia que supera las fuerzas de un cuerpo rígido. Podría ser ese tronco rígido que sucumbe ante ti, o quizá podrías tú ceder. Quizá podrías abandonarte y perderte; perdernos. Perdernos en el va y ven de las olas. Volar y callar, gemir y abrazar las temperaturas del cuarto estado de la materia, para después conducirme por tu cuerpo sin equilibrio electromagnético. Despojando certezas abandonados al vicio y segregando dudas con movimientos libres. Fluctuando como un par de electrones que comparten un momento angular intrínseco. Siendo dos en la frontera de un mismo ser.