Un cuadro de Hitler hecho por mí. Hitler, el artista. El que deseaba ser pintor... El que tenía técnica pero no creatividad. El joven virtuoso; no el adulto corrupto -del latín "corruptus", que significa "corazón roto"-. Hitler, el que fue rechazado dos veces por Bellas Artes. Hitler, el que pudo ser y nunca será.
domingo, 22 de marzo de 2015
domingo, 21 de diciembre de 2014
Visión ancestral
Pétrea en la inmensidad de cuatro paredes. Leo que de ahora en adelante las noches serán más oscuras, aún después del solsticio... Y pensar, una y otra vez, en las significaciones de esa oración, en un alma como la mía. Mi yo, que se ha caracterizado por solo calentarse cuando se deja dominar por esas malignas y divertidas zambullidas del ello en el libertinaje, cedió a caer levemente en esas zambullidas solo en forma de retratos y pinturas fugaces que deja ir cuando las siente mejor, que quien no ha sabido pintarlas a su altura. SOLO EN ESE INSTANTE. Ese yo, que eligió al súper yo y a los, a veces cuadriculados, momentos en que une su todo a una calavera de profundas alegorías, hoy repite en su cabeza las noches seguirán siendo oscuras después del solsticio y Saturno está directo en Capricornio, mientras que la luna continua en sagitario, Urano empieza su transito directo, pero el único planeta retrogrado es Júpiter.
viernes, 19 de diciembre de 2014
Mutilaciones
![]() |
| "Mutilaciones por Márgara" |
martes, 4 de noviembre de 2014
A proposito del olvido que seremos
Mientras leía el libro ‘El olvido que seremos’ de Héctor Abad Faciolince, sentí muchas veces una especie de angustia. Porque reconozco en sus frases el miedo a las consecuencias que puede tener luchar a favor de los derechos humanos, pero mucho más el saber que alguien que amas con todas tus fuerzas pueda correr peligro por esto.
Sin embargo, al yo saber que ella al liderar el caso, con sus contactos podía ser silenciada por las águilas negras, sentí el miedo que Héctor Abad pudo sentir con su padre liderando la lucha en pro de los derechos humanos. Aunque la dimensión de las situaciones es distinta, estoy segura, mi miedo no lo era tanto. Por eso, solo podía repetir que Colombia ya no necesitaba más mártires, y que de una manera más silenciosa trabajará por los derechos que todos como ciudadanos de Colombia, merecemos.
Lo sé, lo vivo, lo padezco, con ella, la culpable de mis noches en vela. A su corta edad, alza la voz tan alto en contra de las injusticias que muchos podrían sentirse incómodos y como es costumbre en este país, podrían callarla de una manera tan sencilla que solo quienes conocemos su causa podríamos sentir las náuseas propias de quienes entienden la realidad social de esta tierra de águilas y cuervos dentro y fuera del zoológico llamada gobierno en un país de realidades que superan la ficción.
Una de nuestras tantas discusiones fue por ella querer apersonarse con la ayuda de sus contactos en Colombia diversa y la activista Marta Cuellar, de un caso de amenaza de las águilas negras en contra de una pareja de lesbianas, una de ellas menor de edad. Caso que en su momento de apogeo me hizo sentir más asco del que siempre he sentido hacía la fuerza pública, la policía nacional, que se supone existe para defendernos, pero que por el contrario solo violan nuestros derechos una y otra vez con el uso desmedido de su fuerza.
Aquellas niñas que al denunciarle a un grupo de policías un caso de abuso sexual y homofobia que habían recibido por parte de un pescador, solo recibieron frases soeces en contra solo por su orientación sexual. Ellas al caer la tarde, unas horas después de ese suceso, deciden antes de tomar el bus, tumbar una de las motos de esos policías. Estos, las golpearon sin importar que las dos fuesen unas niñas indefensas que no podían defenderse. Ellas, muy valientes, denunciaron el hecho ante medicina legal y la fiscalía. Por cosas de la vida, mi pareja, recibió la llamada de una de ellas, quien pedía ayuda.
Razón por la cual, dos días después fuimos a conocerlas. Yo sentí dentro de mí, no mariposas, sino hormigas, sed de justicia, y la indignación propia de quien se ha puesto los zapatos ajenos y los hace muy propios. Quizá no solo fue el hecho de ver a esas con moretones diversos como la bandera gay, quizá tampoco fue el sentirme identificada con ellas, o el hecho de haber sido víctima del abuso de poder de la fuerza pública.
Quizá solo fue que horas antes mi pareja y yo habíamos sido víctimas de discriminación en un grupo que trabaja por la reivindicación de los derechos de la comunidad LGTBI. Pero con una ambigüedad discursiva y crítica del tema, que indicaba las representaciones e imaginarios sociales a los que habían sido expuestos por muchos años. Horas antes habíamos sido víctimas de la heteronormatividad y peor aún la homonormatividad dentro de la misma comunidad LGTBI.
![]() |
| imagen tomada de: http://goo.gl/6D09w2 |
Y aunque, no puedo dejar de pensar lo egoísta que fui, al retener ese espíritu libre que desea con todas sus fuerzas cambiar el mundo, empezando por su entorno más cercano. Es difícil, y quizá irónica mi decisión de oponerme a sus intenciones en aquel momento, pero es cierto, Colombia ya ha tenido muchos mártires. Ahora necesitamos gente que no se haga matar por el cambio, sino que viva para el cambio y progreso de este país.
Aún creo que podemos poner nuestro grano de arena, y sé que lo hacemos día a día en la Universidad donde a diario intentamos hacer por lo menos de quienes nos conocen unas personas capaces de aceptarnos por lo que somos y no por qué nos llevamos a la boca.
A veces ella deja salir de si risas, y me dice que solo hablo de la teoría del reconocimiento. Muchas veces me ofendo, pero es cierto. Todo en este mundo tiene desembocadura en ella. La mayoría de los crímenes y grandes genocidios del mundo han sido por nuestra incapacidad de reconocer en otro a una persona con un valor inherente, capaces al igual que nosotros de sentir y pensar. Si cada uno de los sicarios que ha matado por unos cuantos pesos, hubiese pensado en el otro, que también tenía familia, recuerdos, sentía, quizá, solo quizá, nuestra realidad sería distinta.
Pensar a Colombia y su realidad desde mi postura anteriormente cómoda, no hubiese significado mucho. No obstante, el tejido social cada vez más fragmentado termina por tocarnos a todos los que hacemos parte de esta compleja estructura social.
Etiquetas:
a proposito de Héctor Abad,
Comunidad LGTBI,
crónica,
derechos humanos,
derechos LGTBI,
el olvido que seremos,
mártires,
no más mártires en Colombia,
reivindicación
martes, 21 de octubre de 2014
De oruga a mariposa.
El primer recuerdo que tengo va de la mano del más significativo. No hay duda. Cuando tenía como cuatro años, me compraron lo que fue mi primera camisa de cuello. Era blanca y lisa. Me quedaba un poco grande, pero no tanto como hubiese querido. Solo sé que tengo en mi cabeza la noción de haber querido tener el cabello corto. Lo amarré de cierta forma que no se notaba que lo tenía del largo de una serpiente promedio.
Todas morían por tener un cabello como el mío, pero yo alucinaba con llevarlo como “un niño”. Y es que a veces odiaba tanto mi cabello que deseaba tenerlo como un bombril para poder hacer de él lo que en ese momento se me antojaba. Todas acariciaban aquella cosa de ensueño, y yo solo deseaba con todas mis fuerzas una especie de honguito que ahora, por fin, llevo.
Quizá de las cosas más difíciles que he tenido que soportar tienen que ver con todo eso que todos quieren que sea y no soy. No soy ni jamás seré la cuadriculada chica que mi papá deseaba hacer de mí. Soy un ser que un día, se sabe diferente y se atreve a serlo.
Así que en la mañana gris de un miércoles cualquiera, decidí cortar mi frondosa cabellera que, al igual que cuando era niña, llegaba a las raíces de ese árbol casi muerto que llevo en mí desde hace casi un año.
Debo confesar que fue una experiencia casi erótica. A tal punto que, aquellas manos ásperas que sostenían la tijera como con dolor, me hicieron sentir una corriente eléctrica que recorría todo mi cuerpo, mis vellos se erizaron. Me sentía poderosa y a la vez tan frágil. Mis ojos expedían fuego, y mis manos apretaban los muslos, a falta de alguien que me ayudara a afrontar que jamás volvería a ser quien había sido, pero que jamás quise ser.
Así, en el espejo vi fue ese árbol que llevo tatuado en mi espalda. Yo era ese árbol y la peluquera, aquella pobre mujer que sufría con cada hebra que caía al piso, era el tiempo. El tiempo que corría veloz, y hacía que de ese árbol seco nacieran las hojas de la primavera. Así fue, en ese día, casi banal, casi único, nació el ser que se sabe diferente y le encanta serlo. Nació lo que soy y no sabía que era.
domingo, 12 de octubre de 2014
Bestia indómita
![]() |
| Carne más política - Márgará Rube |
Quiero que seas en mí una bestia indómita. Que rasgues tus vestiduras como quien se siente preso en su propia piel.
Que bendita seas mientras abres las compuertas terrenales de mi carne. Bendita, mil veces bendita cuando mojas mis certezas de mejores tiempos. Bendita, mi amor, cuando corren por ti caudales de esa savia que alimenta y purifica. Bendita, pero nunca santa. Te prefiero diabla, gata, perra. Te prefiero víbora y fugaz.
Te imagino en el oráculo, diosa, decidiendo mi destino; el nuestro. Te imagino, voy y me vengo. Te imagino victimaria y siento que me hago agua, me hago noches. Noches húmedas y tórridas.
Levita, mi amor, levita entre caricias que descosen y remiendan. Domíname, mi amor. Domina en mí los demonios que aún no se hacen vasallos de tu encanto. Domina y resiste, dulzura.
Etiquetas:
amor,
bendita,
Bestia indómita,
carne más política,
cuerpo,
destino,
diosa,
dominación,
noches húmedas,
oráculo,
poesía erótica,
resistencia,
tórrida poesía
martes, 26 de agosto de 2014
Carolina es una artista y aún no lo sabe
Carolina es una artista y aún no lo sabe.
Dibuja desde muy pequeña, al igual que su hermana. Pero no por oficio. Dibuja lo que le gusta, sin disciplina, pero
con el encanto de quien fluye por su obra. Ella es su obra, su obra inmersa en
ella es como un chapuzón en el
inconsciente. Y ella, aun no lo sabe.
Al llegar a su casa quise conocer su cuarto,
pero su respuesta fue “allí no hay mucho. Hay un televisorcito que no prendo,
unos libros que no leo, unas gavetas que no abro, una puerta azul y una ventana que me provee de brisa barranquillera”. Para ella, su lugar es el estudio. Un
cuarto lleno de libros de dibujo, que no son de ella, con una mesa para dibujo,
que tampoco es de ella. “Lo mío es el caballete” dice entre risas, juega con
los lápices y sus dedos parecen danzar por ellos, como quien reconoce en esa
herramienta un amigo. Dedos delgados y
largos, como los de una pianista.
Sus dibujos expresan y sugieren sentido. Dibuja
lo que le gusta, sin disciplina, pero con el encanto de quien fluye por su
obra, se inmersa en ella, como un chapuzón
en el inconsciente. Sin embargo, como todo artista que siente y vive su
obra, para ella el dibujo no es rutinario, pero es tan cotidiano que le resta
un poco de importancia. Desconoce que su talento puede ser explotado, no sabe
ni le interesa, del todo, los concursos de dibujo y las oportunidades que puede
encontrar en él y por él.
Carolina tiene una hermana mayor, que también
dibuja, su nombre es Nataly. Tiene 21
años y es la dueña de todos los libros, de la mesa de dibujo y de casi todas
las cosas de ese lugar especial en el que Carolina se siente libre. Nataly
estudia diseño gráfico y ha decidido hacer de su arte un oficio del cual vivir
en un futuro. Mientras Carolina, vive de él y por él en un sentido distinto. Las
dos dibujan como su padre.
Padre arquitecto que no vive con ellas. Figura
familiar que apenas si se menciona, pero que toca con fuerza la fibra de
Carolina, sin ella saberlo. Ella no ve a su padre frecuentemente, y considera
que él no influye en ella ni en su rutina diaria. Pero dibuja, por él, desde
muy pequeña. Por otro lado está su madre, Mery Bula, amorosa y
cercana. Las dos tienen una relación estrecha, que a veces se ve fracturada por
la falta de interés de Carolina en las cosas del hogar y en el cuidado de su
abuela que tiene alzhéimer. Abuela que ya no habla, pero que de vez en cuando
Carolina cuida.
Carolina es su arte. Su arte es la concepción
de eso que es y no es. De ese yo superfluo volátil a su entorno, y de ese súper
yo que la posee, la mueve, las transforma. De lo que quisiera ser, y es, en distintas proporciones. De ese ello
que goza de libertad, como Ella, como sus dibujos. Porque ella es libre. Como el lápiz que sujeta en su mano como quien se sabe o se cree indefenso. Es libre como los trazos suaves que danzan sobre ese cuaderno que siempre la acompaña. Libre como su menudo cuerpo, que parece flotar cuando camina. Libre como la brisa barranquillera que deja entrar por su cuarto y la acaricia todas las mañanas al despertar. Libre como la risa burlona que deja fluir por la comisura de su boca cuando alguien le dice que es talentosa. Libre como el espíritu aventurero que no cree en la industrialización de arte. Libre de malicia como el abrazo protector de su madre cada mañana. Libre como su cabello, que fluye desordenado al ritmo del aire. Libre como los que conocemos en ella y por ella el arte de dibujar en libertad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



